SECRETARÍA GENERAL DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS
IV ASAMBLEA GENERAL
“Eran un solo corazón y una sola alma.”
DOCUMENTO BASE
PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL-COMUNITARIA
© COMUNIDAD CATÓLICA DE MINECRAFT
2026
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PROEMIO
A la luz del Instrumentum Laboris de la IV Asamblea General del Sínodo de los Obispos, que lleva como lema “Eran un solo corazón y una sola alma”, se presenta este Documento base, destinado a las Presidencias de las Comisiones Sinodales, como subsidio común de reflexión, oración y discernimiento en los Círculos Menores.
El presente texto nace de la conciencia de que el camino sinodal no se configura como un simple itinerario organizativo o metodológico, sino como expresión de la propia naturaleza de la Iglesia, Pueblo de Dios convocado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. De este modo, cada Comisión es invitada a insertarse en este proceso como sujeto corresponsable del discernimiento eclesial, y no solamente como una instancia paralela, ofreciendo así a la Asamblea una contribución madura, situada y enraizada.
Este Documento base tiene como finalidad ayudar a cada Comisión a confrontar su propia identidad, misión y prácticas con las cuatro grandes cuestiones que fueron identificadas a partir de la escucha del Pueblo de Dios y que estructurarán el trabajo de los cuatro Círculos Menores de la Asamblea Sinodal.
I. FINALIDAD Y HORIZONTE:
Las Comisiones Sinodales están invitadas a ofrecer a la Asamblea no respuestas conclusivas —del mismo modo que la propia Asamblea no lo es—, sino reflexiones cualificadas, capaces de iluminar el discernimiento común. Dichas contribuciones deberán brotar de la escucha de la realidad concreta, de la lectura orante del Instrumentum Laboris y de una reflexión teológico-pastoral coherente con la Tradición viva de la Iglesia.
En este sentido, cada Comisión debe interrogarse:
1. ¿Qué relación existe entre el tema de la IV Asamblea General del Sínodo de los Obispos y la misión específica confiada a la Comisión?
2. ¿De qué modo esta temática interpela las prácticas, estructuras y estilos que caracterizan su actuación?
3. ¿Qué elementos de discernimiento pueden ofrecerse a la Asamblea para favorecer opciones más evangélicas, sinodales y corresponsables?
II. CRITERIOS METODOLÓGICOS PARA EL TRABAJO:
Para favorecer una reflexión fecunda y verdaderamente sinodal, se recomienda que cada Comisión:
1. Sitúe su reflexión en el horizonte de la comunión trinitaria y de la sinodalidad como forma ordinaria de la vida de la Iglesia;
2. Reconozca, con realismo y libertad, las luces y las fragilidades presentes en su ámbito de actuación;
3. Evite tanto los análisis abstractos como las propuestas meramente funcionales;
4. Elabore una contribución escrita que contemple:
– una lectura orante y pastoral de la realidad;
– una reflexión a la luz del Instrumentum Laboris;
– algunas indicaciones, interpelaciones o cuestiones abiertas para el discernimiento de la Asamblea.
III. LAS CUESTIONES SINODALES A LA LUZ DE LAS COMISIONES:
1. De la convivencia a la comunión real: ¿Cómo transformar estructuras, relaciones y prácticas para que la Comunidad viva una corresponsabilidad verdadera, y no solo una convivencia funcional y amistosa?
Esta cuestión aborda el núcleo de la conversión eclesial requerida por el camino sinodal. Cada Comisión está llamada a discernir si, y en qué medida, sus estructuras y modos de funcionamiento favorecen una comunión efectiva o si permanecen limitados a una coexistencia funcional de iniciativas.
En este contexto, se impone una reflexión sobre:
– la calidad de las relaciones establecidas dentro de la Comisión;
– los procesos de decisión y de corresponsabilidad efectivamente practicados;
– la superación de personalismos, autorreferencialidades y fragmentaciones.
La contribución de la Comisión podrá ayudar a la Asamblea a identificar caminos concretos de conversión estructural y relacional, capaces de sostener una comunión estable, participativa y misionera.
2. Escuchar para discernir, discernir para cambiar: ¿Qué pasos concretos necesitamos dar para madurar una cultura de escucha profunda y de discernimiento comunitario, abierta a las novedades del Espíritu?
Esta cuestión interpela directamente los procesos internos de las Comisiones. La escucha, cuando no se integra en un verdadero discernimiento comunitario, corre el riesgo de reducirse a una formalidad sin incidencia real en la vida de la Iglesia.
Cada Comisión está invitada a reflexionar:
– sobre la autenticidad de sus procesos de escucha;
– sobre la existencia de tiempos, métodos y espacios adecuados para el discernimiento comunitario;
– sobre la capacidad de traducir el discernimiento en opciones concretas y verificables.
La reflexión ofrecida podrá contribuir a la maduración de una cultura eclesial en la cual la escucha genere cambio, y la fidelidad se exprese como apertura obediente a la acción del Espíritu Santo en la historia.
3. Juventud, vocación y acompañamiento: ¿Cómo ofrecer a los jóvenes espacios reales de pertenencia, escucha y acompañamiento, evitando que vivan su fe y su discernimiento de manera solitaria?
La cuestión juvenil atraviesa transversalmente toda la vida eclesial. Aunque no todas las Comisiones actúen directamente en el ámbito juvenil, en nuestra realidad toda la Comunidad debe reconocer que somos nosotros, los jóvenes, los sujetos eclesiales y protagonistas de la misión.
En este horizonte, cada Comisión está invitada a discernir:
– de qué modo se acoge e integra a los más jóvenes en los procesos y estructuras de la Comunidad;
– si existen espacios reales de participación y corresponsabilidad para todos;
– cómo puede contribuir a una cultura de acompañamiento vocacional, entendida como cuidado integral de la persona.
La contribución de la Comisión podrá ayudar a la Asamblea a vislumbrar caminos para una Iglesia que camina con todos —desde los más jóvenes hasta los más maduros—, confía responsabilidades y discierne con ellos los llamados de Dios en el tiempo presente.
4. Cuidar a las personas para cuidar de la Iglesia: ¿De qué modo la Comunidad puede asumir con mayor seriedad el cuidado del sufrimiento psicológico, de la soledad y de la salud emocional, incluso en el ambiente digital?
Esta cuestión revela una dimensión esencial de la sinodalidad: el cuidado mutuo como expresión concreta de la comunión. Cada Comisión está invitada a reconocer que no hay verdadera renovación eclesial sin una atención seria a las fragilidades humanas.
En este sentido, se propone reflexionar:
– sobre las formas de cuidado, escucha y acompañamiento existentes o ausentes en su ámbito;
– sobre las fragilidades que permanecen invisibilizadas o silenciadas;
– sobre el impacto del ambiente digital en las relaciones y en el testimonio eclesial.
La reflexión ofrecida podrá ayudar a la Asamblea a integrar, de manera orgánica, el cuidado emocional, espiritual y relacional en la vida ordinaria de la Comunidad, promoviendo una cultura de cercanía y responsabilidad compartida.
CONCLUSIÓN
Las contribuciones de las Comisiones Sinodales constituyen un servicio precioso al discernimiento de la IV Asamblea General del Sínodo de los Obispos. No tienen como finalidad anticipar decisiones, sino favorecer una escucha más profunda del Espíritu Santo, que guía a la Iglesia en la fidelidad creativa al Evangelio.
Confiamos este trabajo a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, para que, bajo su protección, el camino sinodal produzca frutos de comunión, corresponsabilidad y misión, y resuene con verdad, en la vida de la Comunidad, la oración del Señor: Ut omnes unum sint.
11 de enero de 2026.
De Vuestra Eminencia,
Devotísimo en el Señor,
Henrique Azevedo Card. GÄNSWEIN
Secretario General del Sínodo de los Obispos




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